Como tantas otras capitales mundiales, Tokio está repleta de hoteles exclusivos. Uno de los más deseados, el Park Hyatt, se aloja en los últimos pisos de la Shinjuku Park Tower.

En algunos de ellos se encuentra una interesante selección de restaurantes y en concreto, en la planta 52, el New York Grill & Bar ofrece momentos de buen vino y nostalgia cinéfila.

Gracias a sus espectaculares vistas de la ciudad, Scarlett Johansson y Bill Murray paliaban una soledad inesperadamente compartida en ese clásico cada vez menos reciente que es “Lost in Translation”. A juzgar por su carta y las sesiones vespertinas de jazz, a este lujoso restaurante se le puede considerar de forma oficiosa una sucursal de la embajada estadounidense.

También es conocido por ofrecer la mejor versión posible de la tan cuestionada gastronomía americana, aunque parte de sus materias primas, como sus carnes, sean japonesas.

Aun así es una buena solución para quienes no se entusiasman con la comida nipona. A cambio, se deberá ampliar un poco más el presupuesto del viaje: el precio del menú del día supera los 50 euros y el brunch del fin de semana se acerca a los 70 .

Para quien no está recomendado este restaurante es para aquellos que tengan pánico al cristal – existen casos y se llama haliofobia-, porque si hay algo que destaca de la sofisticada decoración del New York Grill es este material.

Lo hay por todos los lados. En sus enormes ventanales y en las más de 1.600 botellas de vino de su bodega, la mayor parte de ellos valiosos caldos de California.

Algunos de esos vinos marean solo viendo su precio, como los delirantes 1.350 euros de la edición Mágnum del Screaming Eagle, vino de Napa Valley en su cosecha perteneciente al año 2005.

Quizá sea mejor hacer como Bill Murray y beber una copa en la barra del bar…

Relacionado: Decadencia parisina en Tokio